GRACIAS
Vivo en un país que ha estado en paz desde que nací, a pesar de que mucho tiempo se desangró en guerras. Tal vez por eso hoy todos apreciemos tanto esta paz de que disfrutamos. Es un lugar en que puedes salir a la calle con las manos en los bolsillos, silbando y mirando a los celajes. Donde las terrazas invitan a las tertulias, donde nadie tiene que instruir al pueblo para el encuentro, la diversión, a veces la locura colectiva que vivimos en el carnaval o en cualquier ocurrencia que tengamos.
Es un lugar en el que hay muchas cosas que arreglar, pero hace ya tiempo que decidimos dirimir nuestras diferencias hablando, no siempre escuchando, con frecuencia discutiendo, a menudo desafiando. Un lugar donde puedes decir que no. También puedes decir que sí. Puedes mantenerte en silencio si quieres o, por qué no, dar un buen corte de mangas. Porque somos lo que hemos querido ser. Un colectivo que lucha por sus ideales individuales, a la vez que defiende los colectivos.
Tal vez un país sea solo eso. El espacio en el que luchas por tu individualidad como miembro de un imaginario colectivo que, de no existir, no habría país.
¿Cuál es tu sueño? Es tu imaginación la que nos hace grandes a todos, así que cuéntaselo al viento.
A veces ese sueño colectivo es una ley. A veces un derecho. A veces unas risas. A veces un jugador de tenis. A veces una receta de cocina. Son cosas que nos pertenece a todos. Es nuestra riqueza real.
Me siento bendecido por una tierra buena, de gente buena. Por no haber vivido guerras, por haber recibido una educación, por ser dueño de la calle. Por una familia extraordinaria. Por unos hijos ejemplares y por una compañera de vida inimitable.
Eso, unido a las muestras de aprecio que hoy he recibido, me hacen sentir profundamente afortunado.
Esta emisora lleva en antena 56 años, emitiendo con desigual fortuna, igual que la mayoría de resto de antenas. A veces canalizando el pensamiento de otros. A veces alzando una copa frente al sol, en el convencimiento de que no pasa nada por estar equivocado. Ejerzo mi derecho al corte de mangas a mí mismo y sigo adelante, convencido de que no hay nada más. De que a todo lo anterior solo se le puede añadir algo de chapa, pintura y, en general, cosas que el tiempo convierte en óxido.
La vida es universal, lo universal es eterno, lo eterno es lo cotidiano y lo cotidiano es la vida. Es la suerte de estar hoy aquí.
Gracias por tantas muestras de aprecio.







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