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EN UN BAR CUALQUIERA…

–Joputas…

–Quiénes.

–Los moros, la madre que los parió.

–Pero ¿qué dices?

–¿No has visto lo que hacen? Ponen bombas en el metro, atropellan gente con camiones sobre las aceras, salen a la calle cuchillo en mano rebanándole el cogote al que trancan por delante…

–Cojones. ¿Y nosotros qué? Por petróleo creamos guerras, destruimos ciudades, imponemos dictadores, o los asesinamos, armamos a gente para luego manipularlos. Y todo por dinero. La culpa de lo que ocurre no es de nadie sino nuestra.

–No me jodas que un nota que nace en España, de diecisiete años, por mucho que se llame Alí, o Dris o Bengasi o como coño se llame, coja un furgón y se cepille a cien fulanos sin discriminar sobre las Ramblas de Barcelona y que la culpa sea nuestra, porque es lo que me faltaba.

–Lo que hay. El terrorismo no empezó ayer. Y lo hemos iniciado nosotros. Nos están devolviendo la moneda.

–Y una mierda pa ti. Esto no te lo crees ni tú.

–¿Cómo que no? Somos unos putos hipócritas. Tú el primero.

–Tú eres el hipócrita. Cuando se matan en Ruanda entre ellos, o entre iraníes e iraquíes en una guerra de casi diez años con un millón de muertos de por medio, no dices nada. Pero si los yanquis van a sacar al Hussein de Kuwait, porque lo ha invadido, entonces me sales con el cuento de que occidente tiene la culpa de todo. ¡Venga ya!, a ver si se nos cae esa roncha de una puta vez.

–No tienes ni puta idea, macho. Los yankis armaron a Hussein, y como les salió respondón, se lo cepillaron después. Y de paso dejaron al ejército suní, campando a sus anchas por el desierto. Por eso formaron el ISIS de los cojones, tomaron Mosul y armaron la que armaron. Pero has de saber que los islamistas radicales son los que son, unos cuantos, y radicalizados por lo que te estoy diciendo. La inmensa mayoría de los musulmanes van por la vida pacíficamente, sin meterse con nadie, y son las primeras víctimas de los extremistas. De sus propios extremistas. Y encima nosotros los criminalizamos.

–Ya. Como Jomeini, ¿no?, que en 1979 hizo “la revolución” en Persia, y lo primero que decidió fue mandarle a todas las tías un saco de papas por la cabeza, porque si enseñaban un tobillo estaban provocando al hombre. ¿Y qué me dices de los países árabes que cuelgan a los gays de las grúas, para escarnio público? ¿O de la mujer adúltera, que es lapidada en la calle? ¿Quieres eso para tu hija? Anda ya, que cada día estás más pollaboba.

–Tú confundes religión con cultura, como todo el mundo. La gente tiene costumbres distintas. Mi abuela iba con pañuelo en la cabeza, y eso no fue hace tanto. Hoy no lo lleva nadie, sino en los bailes de magos, que precisamente evocan un tiempo pasado. No puedes ridiculizar las costumbres ajenas, machango.

–O sea, que si tienes un hijo gay entenderías que fuera a un país árabe y lo colgaran de un pino por su opción sexual, ¿no? Estás defendiendo lo indefendible.

–No estoy defendiendo lo indefendible. Ahora confundes religión con política, algo que también le pasa a todo el mundo. Estoy diciendo que hace cincuenta años no existía el terrorismo yihadista. Y que si ahora lo tenemos, si la gente se ha radicalizado, nos lo tenemos que hacer mirar, porque que me vengas a decir que no hemos tenido nada que ver es para nota…

–Pero es que en el Islam la religión abarca también la sociedad y la política, ignorante. Y, en cualquier caso, si tu hija se casa con uno de estos, la obliga a bañarse en la playa con un batilongo que la tape toda, y de paso el nota se casa con tres más, tú feliz, ¿no? Porque respetas su cultura, y tal. Toda la vida gastándote pasta para que estudie, viaje y aprenda idiomas y al final la ves sometida, pero tú relajado, ¿no?

–No, yo lo que quiero es que se case con uno del terruño que beba cerveza y le guste el fútbol, y que después de un par de años comience a acosarla para terminar maltratándola, como hay tantas en este país machista. Pero no importa, porque los maltratadores son de los nuestros… Lo tuyo es de una ignorancia impropia de un amigo mío.

–¿Amigo tuyo? Anda y que te den por culo…

–Gol. Joder, qué golazo de Asensio.

–Este pibe es un fenómeno, men. Joputa, vaya gol de treinta metros…

–¿Otra caña?

–Venga… ¿y sabes por qué?

–¿Por qué?

–Porque no soy moro, porque si no, lo tendría prohibido, jajajaja.

–Vete a cagar, comemierda.

–Joputa.

–Chúpamela, capullo.

–Y esta la pagas tú, huevón…

Esa noche cayeron un par de cañas más, y esos amigos volvieron a casa alegritos, tras quedar en verse de nuevo.

Ante esta escena, tan común en nuestros días, uno se pregunta: ¿no podría Facebook/Twitter poner una opción de pedir unas cañas cuando termine el debate en cualquier post que cualquiera suba sobre algún tema delicado?

Si alguien tiene el móvil o el correo del encargado de Facebook/Twitter, que me lo pase. A ver si lo convenzo.

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