movilidad

MOVILIDAD

–Si estás buscando la paz, entonces no la quebrantes…

–Creo que confundes “paz” con “quietud”

(Los Vengadores, La era de Ultrón)

Hace algunos años, un buen amigo me invitó a una comida cuanto menos curiosa. Un montón de empresarios se reunían en torno a un candidato político con probabilidades de gobernar, para hacerle preguntas. El procedimiento consistía en lo siguiente: se reúnen en un conocido pero discreto restaurante. En el centro de cada una de las mesas, mesas redondas todas ellas, se coloca un taco de papel y unos bolígrafos. Al que se le ocurra una pregunta, la escribe y entrega al conductor del acto, a la sazón conocido periodista tinerfeño. A los postres, el conductor formula las preguntas al candidato, que responde a estas detalladamente.

Bien, pues comienzan las preguntas. La primera es relativa a este plan parcial, otra a aquel plan general, las siguientes a algún plan especial y, en general, todas las preguntas tenían algo que ver con planes planeados, planificados o planeables.

Un servidor, más aburrido que un hongo, tiró del taco de papel y formula su pregunta:

¿Para cuando un carril bici?

O, dicho de otro modo,

¿Y la bici pa´ cuándo?

Alcanzo mi pregunta al conductor del acto, que la lee en silencio. Se sonríe y dice en voz alta “una para desengrasar”.

Formulada la pregunta en voz alta, el candidato se explayó, indicando que existía un proyecto para carril bici en fase muy avanzada, que iba a contemplar toda la ciudad, que además se extendería fuera de ella, con ramificaciones hasta aquí, hasta allá y hasta acullá, que ya existía partida presupuestaria, y financiación, y que salía en esa legislatura sí o sí.

Pues no.

El carril bici sigue pendiente, y del asunto no se ha vuelto a escuchar una palabra.

Recuerdo esta anécdota mientras pienso en el problema de primer orden en que se ha convertido la movilidad en la isla de Tenerife. Todos los que tenemos cierta edad hemos visto crecer las infraestructuras, la economía, la población, las edificaciones… y el tráfico. En ocasiones hasta el punto del bloqueo.

Y es que, quien escribe, es escéptico respecto de las soluciones propuestas, tipo poner un carril VAO, un carril más para guaguas y taxis, o un tren al norte o al sur.

Porque el problema es, en mi opinión, la situación en que se encuentra, por ejemplo, un tipo que vive en Pedro Álvarez y tiene que desplazarse a Güímar a trabajar todos los días. O bien el que tiene la casa en los altos de La Matanza y trabaja en la Residencia Sanitaria. O el que se compró un adosado en La Punta y ve cómo, cada mañana, sus vecinos de La Punta, Bajamar, Valle de Guerra, Tejina, Tegueste y Pedro Álvarez tratan de alcanzar La Laguna por un camino que en su día fue creado para que pase un burro tirando de un carro. Un carril único, cuesta arriba y mucha paciencia.

Para mí, en definitiva, el problema no son las vías, porque la isla tiene el tamaño y orografía que tiene, y ni puede crecer ni se puede aplanar. Para mí el problema son los medios de transporte. Y creo que no es solución un transporte público tamaño guagua, porque eso está bien cuando el entorno tiene estructura de ciudad. Pero Tenerife no tiene estructura de ciudad. Tiene estructura de risco, la gente vive montada en todos sus picos y ha de desplazarse entre pico y pico para lograr llegar a una capital que tiene forma de embudo con el mar taponando su lado más ancho.

Sería cuestión de plantearse, digo yo, que lo que hay que cambiar no son las carreteras, que lo que hay que poner no son únicamente transportes públicos. Lo que hay que crear son, en mi opinión, condiciones para que la gente tenga autonomía de movimientos con vehículos más pequeños, que se puedan desplazar de forma segura: bicis, bicis eléctricas, motos eléctricas, scooters, motos o, incluso, vehículos eléctricos con dos plazas máximo. Como este, o este. O este. Que utilicen carriles específicos, protegidos, de forma que no sufran las colas, que tampoco las formen, que vayan directamente a su objetivo con seguridad, que sean baratos, que aparquen con facilidad, que, incluso, no precisen de carnet de conducir, que no contaminen, que no invadan… Si Amsterdam, que tiene un tiempo bastante malo, puede ser la ciudad de las bicicletas, ¿por qué nosotros no podemos hacer algo similar?

Pero hemos de poner nuestra realidad delante. Y ello pasa por reconocer que las obligaciones diarias no permiten al ciudadano esperar una guagua que vaya desde Pedro Álvarez hasta La Laguna, y luego otra desde La Laguna en dirección sur para parar en la autopista y luego subir a Güímar pueblo caminando, o en una tercera guagua. Y además llegar a tiempo al trabajo. Eso es poco práctico, y pensar que la gente va a llevarlo a cabo algún día, irreal.

Ninguna objeción con las guaguas, ni con los taxis, ni con el tranvía, que está muy bien, sobre todo porque es un medio de transporte metropolitano. Pero la realidad de la isla, de sus colas, no es metropolitana. Es el sufrimiento diario del ciudadano por intentar acceder a la metrópolis.

Un problema que se alarga por autopistas y carreteras, hasta el día en que estas se acaben. Ese día, los coches comenzarán a caer por ambos lados hacia al mar.

Antes de eso, sería bueno volver a preguntarnos:

¿Y la bici pa´ cuándo?

 

No Comments

Post a Comment