HOMBRES

¿HOMBRES?

Si entre los miembros de la denominada “manada” hubiese habido al menos un hombre, nada hubiese ocurrido. Porque un hombre que se pueda llamar a sí mismo como tal, se interpondría ante un acto de abuso y vejación como el que esta pobre chica ha sufrido, sin importar el coste que ello tuviese para él. Pero allí no había ningún hombre. Por ello, independiente de sentencias judiciales y eventuales castigos, estos cinco han dejado a una persona marcada de por vida.

Padres y madres de futuros hombres, por favor, miren a sus hijos a los ojos (es fundamental mirar a tus hijos mucho a los ojos) y enséñenle cómo un hombre ha de conducirse en la vida. Con una mujer, por supuesto, pero en general en cualquier situación. En clase con los profesores, en la calle con los transeúntes, en la carretera con otros conductores, en el trabajo con los subordinados, con los jefes, con los compañeros; en la vida con la familia y con los amigos, con el dependiente de la tienda, con el indigente que te pide ayuda, con el camarero que te atiende, con el cliente que te demanda… Con todo el mundo.
Pero, sobre todo, hay que enseñar a los hijos a enfrentar la injusticia y el abuso. A que no tengan miedo a ponerse de parte de la parte agredida. Con corrección, pero con firmeza. Aunque reciban ellos los golpes. Aunque sus amigos los rechacen. Aunque el entorno no lo entienda.
Lamentablemente con demasiada frecuencia se enseña a los hijos en lo contrario: en el “tú no te metas”. En el “pasa desapercibido, que no te señalen, no llames la atención, llévate bien con todo el mundo, hazte el loco”. En el cinismo, en el buenismo, en la sonrisa facilona, en el quedar bien. En el postureo. En no moverse para salir guapo en la foto.
Al margen de que la justicia haya de actuar, más allá de la indignación que reina en la calle, que comparto al cien por cien, y más allá de que sea preciso revisar leyes… algo no funciona en esta sociedad cuando cinco jóvenes hacen lo que han hecho. Yo también he sido joven. Y mis amigos. Y nuestras hormonas son las mismas que las de estos cinco. Y lo que han hecho es algo que mi educación no entiende. No concibe. No acepta.
Da la impresión de que, para estos del zaguán, una mujer es una vagina. Un mero instrumento. Y un hombre es un pene. Otro instrumento. Y también da la impresión de que, ese día, se dejaron el cerebro en la mesa de noche, si es que lo tienen operativo, y han dejado que unos atributos guíen su mente y actuación.
Pero que no se engañen: han arruinado la vida de la chica, y paralelamente también han arruinado la suya propia.
Porque, vamos a ver si nos entendemos: a estos muchachos les puede gustar participar de una orgía. O de un trío. O de lo que sea. Las orgías, y los tríos, y los lo que sea, existen, han existido y existirán. Allá cada cual. Pero igual que está mal robar, matar o extorsionar, algo que no hay que explicar a nadie, porque está en nuestro ADN el saberlo, no es necesario explicar lo que es el consentimiento. La mínima empatía con la persona que tienes delante.
Esta sociedad no puede permitirse fallarle a esta pobre chica, que ha tenido y tiene encima un vendaval. Uno más de una lista interminable de abuso a la mujer que tiene que terminar. Esperemos que las muestras de solidaridad generalizadas nos unan a todos en la eliminación de esta lacra de raíz.
Y esperemos que ayude a esta chica a salir adelante.

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