AQUÍ NO HAY PLAYA

No me pidas que no piense
en voz alta por mi bien,
ni que me suba a un taburete.
Si quieres, probaré a crecer

(Joan Manuel Serrat – Sinceramente tuyo)

 

En una editorial reciente, afirmaba el Financial Times que la consigna “comunismo o libertad”, utilizada por Isabel Ayuso, era tan burda como efectiva. “Indudablemente burda”, decía textualmente en concreto.

Hombre, este economista de pueblo que les escribe no será, probablemente, la persona más autorizada para enmendar la plana al diario económico más influyente del planeta.

Pero me temo que lo voy a hacer.

Porque si una consigna es burda, el pueblo no la compra. Si la compra es por una de estas dos razones.

–O bien el pueblo es burdo…

–… o bien no es tan burda como parece.

La primera de las afirmaciones parece ser lo que los dirigentes socialistas han entendido. Siguiendo la tesis del FT, no han tardado mucho tiempo en regañar a los votantes de la derecha, afirmando que han apostado por la simplicidad y la superficialidad, sin valorar los logros y esfuerzos que desde Moncloa se están haciendo para mantener el país medianamente en orden. Para ello han tirado de cifras de paro, de Planes de Recuperación, Transformación y Resiliencia… y de ideología. Yo soy democracia, luego tú eres fascista, y esas cosas.

Pero resulta que la democracia es la manifestación de la voluntad popular expresada a través del voto. Y este voto mayoritariamente ha optado por negar la mayor.

Es posible que la consigna comunismo o libertad no sea exacta. Pero es también posible que este voto no solo sea un acto pensado, sino una intuición manifestada de forma masiva, que viene a decir a todo aquél que quiera mirar que las grandes palabras no llenan el plato de comida. Que todos tenemos ojos, podemos valorar las cosas y que, en democracia, el sumatorio de esa valoración personal es quien dicta el camino a seguir.

La que sí ha sido burda es la reacción a lo sucedido.

Lo que tradicionalmente consiste en la búsqueda de un chivo expiatorio, en este caso se ha convertido en lo que Les Luthiers expresaron como “chivo explicatorio”. Con la ineptitud de Gabilondo y la poca cabeza de Franco se explica todo. Su destitución basta, por lo visto, para explicar las cosas al brochazo, como se hacen las cosas hoy en día.

Bueno, bastaba, porque ahora están en la picota Joaquín Leguina y Nicolás Redondo Terreros. Los van a echar del PSOE por criticones. Y por acudir con Ayuso a la inauguración de no sé qué.

Leguina recibió en su día una serie de mensajes del grupo Los Refrescos, en su famoso tema de los 80 “Aquí no hay playa”. Da la casualidad de que Leguina ha sido el primer presidente de la Comunidad de Madrid, el primer presidente de la Comunidad de Madrid socialista… y el único. Porque tras él han venido Gallardón, Aguirre, González, Cifuentes, Garrido, Rollán y Ayuso. Desde 1995 no hay un presidente socialista en la CAM, algo llamativo por infrecuente, y que hasta el más burdo de los votantes debería de haber notado.

Tal vez el votante madrileño se haya dado cuenta finalmente de que en Madrid no hay playa.

La fórmula Ayuso parece trascender la fórmula socialista, basada en gastar el dinero de Europa cuando llegue en el famoso plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, donde se explican en 348 folios cómo se van a gastar los 140.000 millones que eventualmente llegarán. Es posible que la fórmula Ayuso, más en la línea del extracto de canción ut supra, haya hecho reflexionar al ciudadano en el sentido de que vale, que me das 140.000 millones, pero al margen de eso, yo he de crecer. Y el crecimiento no depende nunca del dinero del Estado, sino de mi iniciativa, que es lo que, a la postre, hace a un país grande, fuerte y, sobre todo, soberano.

Esa dicotomía entre socialismo y liberalismo que, desde mi punto de vista, es todo menos burda.

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