BARES, QUÉ LUGARES…

Deportistas con camiseta y vaqueros, pijos de polo rosa, cuello subido, moreno playboy y zapatos sin calcetines, roqueros con chupas de cuero y pelos largos, algún punkie un tanto descolocado, mucha melena cardada y hombreras en las chicas, minifaldas con medias, trajes ceñidos; algunos rezagados de los sesenta, con ropa holgada, alpargatas, pelo largo, canuto y sonrisa bobalicona; vasos de tubo, tabaco, hierba, algo de coca, nada de pastillas, mucho escándalo e indiferencia policial absoluta, para hastío de vecinos.

La fauna se repetía en las afueras del Tweeter, Morapio y Vía Veneto fin de semana tras fin de semana. O bien en Santa Cruz, en Tosca, A Bordo o El Otro, cuando estaba en el Barrio de Salamanca. Antes de eso en el Tormentín, en Residencial Anaga. En verano las terrazas poblaban la costa, con la del Jet-Foil como estrella de la noche.

¿Dónde está la gente?, era la pregunta de una época sin móviles, en la que era frecuente que te dijeran “fulano te estaba buscando. ¿Por dónde lo viste? Iba pal Puerto… Son las tres ya. Paso.”

Escapadas al Puerto de la Cruz o a Playa de las Américas a las dos de la madrugada, siete en un Seat Fura, o en un Fiat Ritmo. Algunos afortunados en un Golf, como expresión de lujo absoluto. A la mañana siguiente no era infrecuente encontrar en el coche vasos de tubo, cajas de tabaco, mecheros, jerseys, algún zapato de tacón y marcas de pies en los cristales que a saber cómo llegaron ahí, tras una eterna noche de disparate con la que mi generación pasó de la adolescencia a la juventud.

Eran tiempos de oportunidades, en los que mil pesetas daban para una noche y sobraba, en los que todos soñábamos con terminar de estudiar para empezar a trabajar y ganar pasta, porque en aquella época no nos imaginábamos las cosas de otro modo.

Una época en la que escogíamos los bares porque “ponen música española”, en la que Loquillo, Danza Invisible, La Unión, Secretos, Nacha Pop, Gabinete Caligari, Hombres G, Celtas Cortos, Héroes del Silencio, La Frontera, La Guardia, Los Ronaldos, Alaska, Olé Olé, Mecano, Cómplices, Radio Futura o Golpes Bajos nos acompañaban a todas partes, como amigos de toda la vida.

Una época en que algunos no vieron salir más el sol, fruto de la explosiva mezcla de incontinencia etílica y ausencia de controles policiales. Los más afortunados vimos amanecer muchas veces, en una escena que seguro a más de uno le suena:

Terminado el bocata de caballa

a los hombros,  la cazadora inerte

el día,  que ya trepa la atalaya

otra noche,  que yo sigo sin verte

y acabo sobre el muro del Cayaya

Una época de locura que se fue como empezó: sin darnos cuenta.

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