DEBATE

El debate entre Sánchez y Feijóo dejó claro que el presi, tras cinco años ejerciendo de jefe, no está acostumbrado a que nadie le hable de tú a tú, rodeado como ha estado de gente que simplemente le ríe las gracias, y centrado en llegar a acuerdos con quién sea, pese a lo que pese, con tal de aprobar leyes y que la derecha quede fuera. A cualquier precio. Bueno, salvedad hecha del arreglo del estropicio del “sí es sí”, que clamaba al cielo, y afortunadamente ha aceptado los votos del PP para arreglar un desaguisado inexplicable. Se le veía al hombre un tanto oxidado en el debate, interrumpiendo todo el rato, haciéndose el ofendido de vez en cuando y saliendo por peteneras más frecuentemente de lo deseable. Feijóo le afeó su comportamiento y dejó transmitir la sensación de que la solidez discutía con la protesta, de tal modo que más el presidente parecía un adolescente al que no dejan sus padres ir a una fiesta que el jefe del ejecutivo.

El otro lado de la moneda ha sido el debate sobre el futuro. Porque si bien el pepero trajo a colación en actitudes desde su punto de vista censurables, se trata de ver a quién votamos, y para eso nos tienen que decir qué carajo van a hacer. Históricamente, el síndrome de la Moncloa se ha instalado en el ánimo de todos los presidentes, convirtiéndose en una especie de abandono de la política local (no los culpo, es un follón), y centrándose en la imagen exterior, que es lo que les pone a los presis. Pero las cosas de comer son las cosas de comer.

Lo cierto es que España no va tan mal. Bueno, podría ir peor, dejémoslo así, pero la cuestión es si podría ir mejor. Si hay forma de que los jóvenes se independicen, de que la cesta de la compra tenga un coste razonable, si podemos convertirnos en ecológicos, si hay posibilidades de crecimiento (del real, del PIB que teníamos antes de la pandemia) y de si hay algo que podamos hacer para hacer a nuestras empresas más competitivas y que cuenten en el mercado internacional, que no está para tonterías.

Sánchez seguramente tuvo un mal día… o no, no lo sé. Pero realmente no tengo claro qué va a hacer Feijóo. Es posible que esto sea porque Sánchez lo interrumpía constantemente, no lo sé. Es posible también que Feijóo no hubiera tenido, ab initio, intención de hablar de nada en concreto, sino, tal como parece, dejarle claro a Sánchez que no es uno de sus súbditos, y que se va a medir a él. Se supone que va a bajar impuestos, a sanear las cuentas públicas, a pagar la deuda, tal vez a rebajarla, a crear empleo… esas cosas.

De acuerdo, pero me preocupa el equilibrio económico del país, y el gallego ha obrado como tal guardando la ropita, conservando sus posibilidades de pactos y dejando claro que su mente está bastante más aclarada que la de Sánchez, para que le demos un voto que, en gran medida, es de confianza.

Los gallegos se lo dieron varias veces, y mal no les ha ido.

Ahora la cuestión es si podemos tomarlos como modelo de lo que pudiera ocurrir a nivel nacional.

Y es que España… es mucha España.

Veremos…

 

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