EL ENJUAGONITO

Me lo decía mi abuelo cuando se acumulaban un par de botellas de vino vacías. “Pégale un enjuagonito y víralas pabajo”. Como antes se reciclaba todo, algo que afortunadamente regresa a nuestra sociedad, esas botellas encontrarían nuevo zumo de uva para alegrar algún evento en el futuro. Por tanto yo iba, les pegaba el enjuagonito y las viraba pabajo. Para que escurrieran.
Hoy, que aprecio el vino más que entonces, recuerdo aquello y no puedo evitar pensar cómo el mismo objeto cambia tanto en una noche. La noche anterior, la botella lucía impecable con su etiqueta, con el líquido en su interior debidamente tratado, a la espera de que alguien lo liberara y oxigenara para, después, oxigenarte él a ti soltando tu lengua, tu risa, ese chiste olvidado que compartes con amigos o familia. En ese instante la botella de vino reinaba en la mesa, conteniendo un caldo esencial en cualquier reunión sin el cual las cosas no son lo mismo. Y parece que la cosa ha sido así al menos desde tiempos bíblicos.
A pesar de ello, a la mañana siguiente te levantas tras ir a la cama a las dos de la mañana, o a la hora que quiera que sea, y la botella está allí, sobre el poyo de la cocina, con el fondaje recalentado y la etiqueta un tanto perjudicada por los manoseos o por los cambios de temperatura. Y su aspecto no es ni de lejos el que fuera sólo unas pocas horas antes, cuando dominaba la mesa para deleite de los presentes.
Entonces le pego un enjuagonito y la viro pabajo. La botella, en una postura bastante indigna, con el culo asomando por el borde del fregadero, en el fondo lo agradece porque sabe que puede tener futuro. Que puede llegar nuevo líquido a su interior, que pueden volver a corcharla, a guardarla con más coleguitas a la espera de que la saquen una noche más para reinar en la mesa y convertirse de nuevo en ese elemento esencial en otra reunión.
Hoy es sábado. 1 de agosto. Comienzan las vacaciones para muchas personas y, después de lo visto y vivido en estos aciagos meses del año en curso, tengo la impresión de que todos necesitamos un enjuagonito y nos viren pabajo. Pa escurrir.
Ya si eso, a ver si en septiembre buscamos nuevos caldos para ofrecer, nos vuelven a corchar y logramos un producto que vuelva a reinar en las mesas como ocurría antaño.
Mientras tanto, buenas vacaciones…
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