ESPAÑA DESATADA

La violencia hay que condenarla. Desterrarla. Desactivarla. Anularla. Hay que mirarla con desprecio. Sobra. No pinta nada entre nosotros. No nos representa. Ni la necesitamos.

Se impone identificar la violencia.

El envío con sobres que contengan cartas amenazantes y balas es violencia. Hay que detener a los responsables y sentarlos ante la justicia. Sean quienes sean. Tengan la edad que tengan. Y sean las víctimas del partido que sea.

El escrache a un político, a un candidato, o candidata, reventar un acto público, impedir que alguien ejerza su derecho a la libre manifestación de su opinión, las consignas de miedo, las amenazas veladas, la puesta en escena del caos, el dato incorrecto, la manipulación, el blanqueamiento de los violentos, el frentismo llevado al extremo, la no aceptación de la derrota, la estigmatización del votante, las indicaciones de que o bien estás conmigo o estás contra la democracia, la no aceptación de la diversidad, la paz como objetivo a demoler, el guerracivilismo como meta, la anormalidad como normalidad, la demolición de la otra mitad, la no aceptación de la realidad, el rodillo como bien supremo, el convencimiento de que el pueblo no es soberano, la democracia rodeada, acosada, vilipendiada, puesta en entredicho. El BOE que estigmatiza a un partido en su preámbulo, qué fuerte, qué duro, qué difícil de explicar el modo en que nuestra democracia ha caído en un pozo de detritus execrable.

Todo eso es violencia.

Cuánto camino por andar.

Cuánta inocencia violentada.

Cuánta esperanza mancillada.

Cuánto demérito que cobra sueldos mes a mes.

Cuánta mala fe en las alturas.

Mi querido país, qué te están haciendo.

Mi pobre país, cuánto vales…

y qué poco te valoramos…

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