MEMES Y MEMOS

Como uno peina canas desde hace ya un tiempo, pues hay memoria de algunas de las cosas que han pasado. Quiero decir que hay cosas que tienes que leer, o ver un documental, o informarte a través de la prensa, porque no estabas allí. Pero hay otras que no tiene que contarte nadie, porque sí estabas. Lo viste. Lo viviste. Y todos los que tienen mi edad, incluso los que son algo más jóvenes, pueden recordar lo ocurrido, sin que nadie tenga que explicarlo.

Porque una bomba, una de esas que cuando explotan matan, amputan, rajan, destruyen, es algo que no pasa desapercibido. Las imágenes que, por otra parte, nos mostraba el Telediario en aquel tiempo eran bastante desgarradoras. Gente llorando, sangre, destrozos, confusión. Es lo que tienen las bombas.

Luego, invariablemente, salían los políticos a hablar. Y el mensaje era siempre el mismo. Acabaremos con esta lacra, no podrán lograr sembrar el terror, hay que aplicar la ley, utilizar todos los medios con que cuenta un Estado de Derecho. Esas cosas.

Luego venía otro atentado, más muertos, más vidas cortadas, más proyectos personales, familiares, afectivos, empresariales, profesionales… inacabados. Personas arrancadas de sus vidas. Desde 1975 hasta el último acto fueron casi 700 víctimas.

Ahora dice alguien que eso nunca debió ocurrir.

Ya el conejo me enriscó la perra, que dirían en mi pueblo. Claro que no debió ocurrir, joder.

Lo que no termino de entender muy bien es el empecinamiento de jugar al ajedrez con el voto ciudadano. Son cinco escaños. Que son cinco, pero no son más que cinco, dentro de los trescientos cincuenta que hay en el Parlamento Nacional. Y representan lo que representan. Es decir, representan lo que representa el que el sujeto afirme que “tenemos doscientos presos”. Son presos de ETA, caray. ¿Cómo que tenemos? ¿ETA no estaba disuelta ya? Son presos que la justicia, la justicia de un país considerado como “democracia plena” por el Democracy Index que The Economist publica cada año, ha considerado que, en aplicación de la ley han de estar en la cárcel. ¿Cómo que tenemos?

En esta partida de ajedrez, que tiene como fin principal detentar el poder sin tomar en consideración los votos de media España, no vale todo. Hay cosas que están mal, como matar, y luego hay un montón de cosas que son opinables. Y un Estado de Derecho no puede avalar su propia actuación mediante los votos de quienes consideran que matar es algo que “no debió ocurrir”, como si se tratara de un fenómeno de la naturaleza, y no actos programados por determinadas personas que, en un momento dado, pensaban que matando se podrían lograr los fines que quiera que fuese.

En su día Felipe González dijo, con buen criterio, que nuestra Constitución no es militante, en el bien entendido de que no hay líneas rojas para cambiar cualquier cosa. Desde el modelo de Estado hasta la financiación de las Comunidades Autónomas, pasando por donde quiera usted pasar. Sólo se necesita una cosa: una mayoría cualificada, que recoja las sensibilidades de la mayoría del pueblo. Eso es la democracia, y no la partida de ajedrez a la que nos tienen acostumbrados unos y otros.

Lo contrario es convertir en un meme algo tan serio como la vida pública, y convertirnos a todos en los memos que nos vemos obligados a escoger bando.

Como si esto fuera una guerra.

Qué dislate.

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