UNO DE LOS NUESTROS

Estaba yo pensando (sin que sirva de precedente), que cada uno de nosotros tiene, o ha tenido, dos progenitores. Dos personas que en un momento determinado deciden que es buena idea tener descendencia. O a lo mejor no lo han decidido de forma consciente, sino que las cosas a veces vienen como vienen. Da igual, tienen el hijo, o la hija, y de ese modo pasan a ser padres. Pero, además, cuando alguien tiene descendencia por primera vez, lo que se crea es una nueva generación.

De tal modo, cualquiera que esté leyendo esto habrá tenido dos progenitores, pero estos a su vez también tuvieron otros dos. Tus abuelos, que serán cuatro, claro. Dos por un lado y dos por el otro. Si seguimos la cuenta hasta los bisabuelos, con idéntico cálculo, cada abuelo tiene dos progenitores, luego tendremos… 8 bisabuelos. Y 16 tatarabuelos.

Pongamos que una nueva generación se inicia cada treinta años. Habrá quien tenga su descendencia a los veintitrés, habrá quien a los treinta y ocho… Pero yo establezco la cifra de treinta años como media, que pa eso soy el que está escribiendo.

Eso quiere decir que en los últimos 450 años ha habido unas quince generaciones que le han precedido a usted.

Si seguimos la progresión antedicha, no es difícil comprobar que en la generación 10 había 1.024 ancestros. Y en la 15, 32.768. La fórmula de la progresión podría ser algo así:

YO (o usted) = ∑(2i) ; i–>∞

Qué cuqui, que se diría ahora, ¿no?

O sea, que si damos para atrás al reloj 450 años, concluimos que para que usted esté ahora mismo leyendo esto, fueron necesarias 32.768 personas hace 450 años. Más 16.384 hace 420 años, 8.191 hace 390… etc. Si sumamos el acumulado de todas las generaciones pasadas, comenzando hace sólo 450 años, usted tiene un total de 65.534 “abuelos”. Ancestros. Ascendientes. Llámelo como quiera.

Y en esto sí que somos todos iguales. Nadie tiene más. Ni menos.

Es mucha peña.

Nosotros somos los herederos de toda esa gente, que ha sobrevivido a enfermedades, o no, luchado por su vida, por la de los suyos, por sus objetivos, por salir adelante y por dejar descendencia.

Por el camino se han perdido apellidos, estirpes y líneas sucesorias.

Algo a considerar para quien pudiese pensar que tener un apellido determinado significa algo. En los últimos 450 años ha habido en su línea sucesoria la friolera de 65.536 apellidos.

Del mismo modo, para los que hablan de pureza de sangre, herencia genética, orígenes y cosas así, dar para atrás en el tiempo lo diluye todo… y simultáneamente lo aclara todo.

Si lo pensamos detenidamente, en 1500 había en España unos 5 millones de habitantes, lo cual incrementa notablemente la probabilidad de que usted y yo seamos primos. Porque se han precisado casi 70.000 personas en los últimos 450 años para que usted esté ahí, leyendo esto.

Cada uno de nosotros somos una suerte de combinaciones y permutaciones genéticas de multitud de personas que nos precedieron, y que es posible que hoy nos miren con curiosidad desde algún lugar. A ver qué hacemos. No sé hasta qué punto es buena idea que nosotros nos vanagloriemos de lo que ellos hicieron. Sí creo que, en cualquier caso, es nuestra misión honrarlo.

Porque, si finalmente logramos algo en la vida, conviene recordar a quién debemos todo el material genético instalado en nuestra persona. Ese sistema operativo que nos define. La pléyade de ancestros que han hecho posible que se asome usted aquí y ahora.

Nos da idea de cuál es nuestra dimensión real.

Buen día, primos…

2 Comments
  • Ofelia

    abril 15, 2021 at 11:53 am Responder

    Bien expuesto. No somos tan distintos. Todo comenzo con 2 que se unieron, se reproducieron y emigraron. La necesidad les hizo emigrar y por eso estamos alejados y tenemos diferentes ciudadanias. Somos mas iguales que diferentes.

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